El ritmo y la música, utilizados como puente de exploración entre el mundo de los sonidos y la experiencia corporal, colaboran con el desarrollo de las capacidades expresivas, la coordinación motriz y el desarrollo integral de niños, niñas y adolescentes.
La estructuración del esquema corporal se organiza a partir de una estrecha interrelación entre la percepción que la niña y el niño comienza a tener de su cuerpo y su relación con los objetos del medio. Antes de la percepción del propio cuerpo, pasan por una serie de etapas del ciclo vital en las que tienen gran influencia las sensaciones.
El
esquema corporal se adquiere a través del desarrollo de la sensibilidad
hacia nuestro propio cuerpo. Esta sensibilidad le permite ir
adquiriendo la conciencia y el conocimiento a través del cual la niña y
el niño aprende a conocer las diferentes partes de su cuerpo, a
diferenciarlas y a sentir su papel; y el control de sí mismo, hecho que
le permite llegar a la independencia de sus movimientos y a la
disponibilidad de su cuerpo con vistas a la acción.
Durante
los primeros meses es muy recomendable cantar a los bebes y presentarle
objetos sonoros que pueda seguir fácilmente con la mirada, las manos,
los pies...
A
partir del momento en que muestren un mayor interés por explorar sus
capacidades motrices más profundamente podemos incorporar a nuestro
cancionero melodías basadas en la imitación de gestos o realización de
movimientos (saco una manita, muevo los pies, muevo la cabeza...)
adecuadas al momento del ciclo vital en el que se encuentre.
Poco a poco, a medida que la psicomotricidad fina aumenta se pueden incorporar instrumentos musicales de pequeña percusión.
En
el momento que afiancen la capacidad de andar y correr son muy
recomendables los juegos rítmicos en espacios amplios que les permitan
moverse a la vez que ejercitan el oído, también se incorporarán danzas
sencillas basados en estructuras simples y cuyos movimientos sean muy
familiares (arriba, abajo, adelante, atrás, saltamos...), y se podrá
acompañar el canto con ritmos tocados con instrumentos de pequeña
percusión. Se podrán incluir también diversos aspectos de teoría musical
como son parámetros de tiempo, intensidad, timbre, pausa o ritmo
(caminar, correr, trotar).
Todas estas actividades serán acumulativas, es decir, se comenzarán a introducir poco a poco y no se abandonarán con el paso del tiempo, sino que se irá aumentando su complejidad según las posibilidades de los niños.
Estas son algunas actividades que puedes hacer tanto con niños como con
adultos, teniendo en cuenta el grado de complejidad de acuerdo al ciclo
vital de cada uno.
¿Qué otras ideas se te ocurren?
Tomado de:
1. Gipem. Grupo de Investigación, Producción y Educación Musical. En línea: www.gipem.com
2. Nuria Pérez Filgueira. Música y desarrollo psicomotriz. En línea:
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